III
Este
tratado apunta
honestamente
que
el pudor y su sueño
no
encuentran mejor dueño
que
rincón apacible
de
la vagina
y
me destina
a
una paz virginal
y
duradera.
Esto
el tratado apunta.
Por
ser latina y dulce y verdaderamente inclinada
a
una casta tensión de la cadera.
Y
no lastima
al
parecer
las
intenciones puras
de
tantos curas.
El
novio se contenta,
al
padre alienta
que
en América Central
siempre
se encuentra
su
hija virgen y asexual.
este
tratado enseña
cómo
el varón domeña
y
preña
en
la América Central
y
panameña.
Y
de esta fálica
omnipotencia
mi
rebelión de obreras
me
defienda.
Porque
tomo la punta de mis senos,
campanitas
de
aqudísimo hierro
y
destierro
este
himen puntual
que
me
amordaza
en
escozor machista
y
en larga lista
de
gerencia colonial.
Yo
borro este tratado de los cráneos
con
ira de quetzal
lo
aniquilo,
con
militar sigilo
lo
muerdo y pulverizo,
como
a un muerto ajado e indeciso
lo
mato y lo remato
con
mi sexo abierto y rojo,
manojo
cardinal de la alegría,
desde
esta América encarnada y encendida,
mi
América de rabia, la Central.